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Flâneur a la finestra1  |  Antonio Machado  |  Textos

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TEXTOS. ANTONIO MACHADO

JMa UYÀ



"
Pero de su sencilla despedida ( -de Madrid, octubre del 1937-) , no he podido perder- ni perderé ya nunca- el instante aquél en que don Antonio, con una sinceridad que nos hizo a todos brotar la lágrimas, dirigiéndose a Líster y a Modesto, ofreció sus brazos –ya que sus piernas enfermas no podían – para la defensa de Madrid".
                                                                                                           Rafael Alberti, Imagen primera de A.M. ,Turner, Madrid, pp.41-58.


Els milicians

"Tienen en sus rostros (- els milicians del 36-) el grave ceño y la expresión concentrada o absorta de quienes, como dice el poeta, "ponen al tablero su vida por su ley", se juegan esa moneda única –si se pierde no hay otra- por una causa hondamente sentida. La verdad es que todos estos milicianos parecen capitanes, tanto es el noble señorío de sus rostros" (A.M, Los milicianos del 36, Agosto de 1936) "sólo el hombre, nunca el señorito, el hombre íntimamente humano, en cuanto ser consagrado a la muerte (Sein zum Tode), puede mirarla cara a cara. Hay en los rostros de nuestros milicianos (...) el signo de una profunda y contenida reflexión sobre la muerte. Vistos a la luz de la metafísica heideggeriana es fácil advertir en estos rostros una expresión de angustia, dominada por una decisión suprema, el signo de resignación y triunfo de aquella libertad para la muerte (Freiheit zum Tode) a que alude el ilustre filósofo de Friburgo" (text de Febrer de 1937) "Lo más terrible de la guerra, es que, desde ella, se ve la paz, la paz que se ha perdido, como algo más terrible todavía. Cuando el guerrero lleva este pensamiento entre ceja y ceja, su semblante adquiere una cierta expresión de santidad".
                                                                                                                                                     (Hora de España, revista, abril de 1938)


La derrota

" Estábamos aún junto a la ventana (de l'Hotel Majestic, Barcelona, abril de 1938) , y Machado triste, pensativo, como hablando para sí, murmuró unas palabras que no recuerdo exactamente, salvo que dijo "numantinos", pero cuya significación era ésta: si la guerra fuera a perderse, habría sin embargo que seguir luchando hasta el fin, morir todos incluso, como los numantinos.(...) poco después, debió él escribir los apuntes publicados en el número XVI de Hora de España (...) Dice ahí lo mismo(..) "Y cuando os queden pocas horas de vida, recordad el dicho español: de cobardes no se ha escrito nada: Y vivid esas horas pensando en que es preciso que se escriba algo de vosotros"(...) En un artículo publicado en noviembre de 1938, admitiendo como a regañadientes la posibilidad de una total derrota de la España republicana, escribe, sin usar su doble, sin nombrar a Mairena: "Aun suponiendo – y es mucho suponer- que pueda caer arrollada por la fuerza bestial de sus enemigos, su deber es caer con dignidad, resistir hasta el fin"
                                                                                                                     A.Sánchez Barbudo, Ensayos y recuerdos, Laia, BCN, 1980


La fraternitat- el Crist ètic

"En 1934, en su pequeño ensayo "Sobre una lírica comunista que pudiera venir de Rusia", hablaba ya de la posibilidad de una" comunión cordial"; más sería para ello necesario, entre otras cosas, agregaba, un "fundamento metafísico... ya que una fe religiosa parece difícil en nuestro tiempo". Sería necesario creer "que existe una realidad espiritual, trascendente a las almas individuales, en la cual éstas pudieran comulgar". En 1937, en cambio, ya no habla del necesario "fundamento metafísico", ni de nada "trascendente" en lo que hay que creer. De lo que habla es de Cristo (...) un símbolo y nada más. El nuevo cristianismo que Machado esperaba era, en todo caso, bastante herético y peculiar.

"Creo yo- dice en marzo de 1937, en Hora de España- en una filosofía cristiana del porvenir, la cual nada tiene que ver (...) con esas filosofías católicas (...) Nosotros partiríamos de una investigación de lo esencialmente cristiano en el alma del pueblo, quiero decir en la conciencia del hombre, impregnada de cristianismo. Eliminaría, incluso, en ese nuevo cristianismo, la Biblia."

"Temía él (...) que ese "sacar el Cristo a relucir" pareciese a algunos cosa "propia de sacristanes y de filisteos", aunque la verdad es, dice, que estos no sacan al Cristo "en función amorosa, sino para bendecir los cañones". Más tarde aún, en julio de 1938, una vez más repitiendo algo por él ya dicho, niega la divinidad de Cristo, que no es el hijo de Dios, sino, "como pensamos los herejes", es "el hijo del hombre que se hizo Dios" (...) para así "expiar los pecados de la divinidad" . Y entonces agrega: "En este sentido prometeico y de viva blasfemia parece anunciarse el cristianismo futuro (...) Volverá el Cristo a nacer entre nosotros, los escépticos, que guardamos todavía un rescoldo de buena fe. Todo lo demás es ceniza: no sirve ya para la nueva hoguera."

                                                                                                                                                                  A.Sánchez Barbudo, íbid supra


Guerra, pau, i els joves.

"Algún día –habla Juan de Mairena a sus alumnos- pudiéramos encontrarnos con esta dualidad: por un lado la guerra, inevitable, por otro, la paz, vacía. Dicho de otra forma: cuando la paz esté hueca, horra de todo contenido religioso, metafísico, ético, etc, y la guerra cargada de razones polémicas, de motivos para guerrear, apoyada en una religión y una metafísica y una moral, y hasta una ciencia de combate, ¿qué podrá la paz contra la guerra? El pacifismo entonces sólo querrá decir: miedo a los terribles estragos de la guerra. La guerra, matribus detestata, tendrá de su parte a todos los hombres animosos, frente a una paz sólo acompañada por el miedo. En mala compañía irá entonces la paz. Os juro que no quisiera yo alcanzar estos tiempos (...).

Reparad en mi enseñanza. Yo os enseño, o pretendo enseñaros, a contemplar. ¿el qué?, me diréis. El cielo y sus estrellas, y la mar y el campo, y las ideas mismas, y la conducta de los hombres. A crear la distancia en este continuo abigarrado de que somos parte, esa distancia sin la cual los ojos –cualesquiera ojos- no habrían de servirnos para nada. He aquí una actividad esencialísima que por venturoso azar es incompatible con la guerra.

Yo os enseño, o pretendo enseñaros, a meditar sobre todas las cosas contempladas, y sobre vuestras mismas meditaciones. La paz se nos sigue dando por añadidura.

Yo os enseño, o pretendo enseñaros, a renunciar a tres cuartas partes de las cosas que se consideran necesarias. Y no por el gusto de someteros a ejercicios ascéticos o a privaciones que os sean compensadas en paraísos futuros, sino para que aprendáis por vosotros mismos cuánto más limitado es de lo que se piensa el ámbito de lo necesario, cuánto más amplio, por ende, el de la libertad humana, y en qué sentido puede afirmarse que la grandeza del hombre ha de medirse por su capacidad de renunciación. Espero que de esta enseñanza mía tampoco habréis de sacar ninguna consecuencia batallona.

Yo enseño, o pretendo enseñaros, a trabajar sin hurtar el cuerpo a las faenas más duras, pero libres de la jactancia del trabajador y de la superstición del trabajo. La superstición del trabajo consiste en pensar que el trabajo es por sí mismo valioso (...) contra tamaño error de esclavos os he puesto muchas veces en guardia. Que vuestro culto al trabajo sea el culto a Hércules, a un semidiós, no a una plena deidad, porque los dioses propiamente dichos no trabajan (...).

Yo os enseño, o pretendo enseñaros, oh amigos queridos, el amor a la filosofía de los antiguos griegos, hombres de agilidad mental ya desusada, y el respeto a la sabiduría oriental, mucho más honda que la nuestra y de mucho más largo radio metafísico. Ni la una ni la otra podrán induciros a pelear: ambas, en cambio, os harán perder el miedo al pensamiento, mostrándoos hasta qué punto la mera espontaneidad pensante, bien conducida, puede ser fecunda en el hombre.

Yo os enseño, o pretendo enseñaros a que dudéis de todo: de lo humano y de lo divino, sin excluir vuestra propia existencia como objeto de duda, con lo cual iréis más allá de Descartes (...) nosotros podemos pensar mejor que Descartes, porque las pocas centurias que nos separan de él nos han hecho ver claramente que su célebre
cogito ergo sum, que deduce el existir del pensar, después de haber hecho del pensamiento un instrumento de duda, de posible negación de toda existencia, es lógicamente inaceptable, una verdadera birria lógica, digámoslo con todo respeto.

(...) Fue Cartesio (...) un gran matemático que padecía el error propio de su oficio: la creencia en la indubitabilidad de la matemática y en la claridad de sus proposiciones, sin reparar en que si el hombre no pudiera dudar de la matemática, es decir de su propio pensamiento, no hubiera dudado nunca de nada. De tamaño error, el más grave de la filosofía occidental, desde Platón a Kant, está perfectamente limpia mi modesta enseñanza. Yo os enseño una duda sincera, nada metódica, por ende, pues si yo tuviera un método, tendría un camino conducente a la verdad y mi duda sería pura simulación. Yo os enseño una duda integral, que no pueda excluirse a sí misma, dejar de convertirse en objeto de duda, con lo cual os señalo la única posible salida de lóbrego callejón del escepticismo. Espero que de esta enseñanza no habréis de salir armados para la camorra.

Yo os enseño –en fin- o pretendo enseñaros, el amor al prójimo y al distante, al semejante y al diferente y un amor que exceda un poco al que os profesáis a vosotros mismos, que pudiera ser insuficiente.

No diréis, amigos míos, que os preparo en modo alguno para la guerra, ni que a ella os azuzo y animo como anticipado jaleador de vuestras hazañas. Contra el célebre latinajo
(- "si vis pacem, para bellum"-), yo enseño: si quieres paz, prepárate a vivir en paz con todo el mundo. Mas si la guerra viene, porque no está en vuestras manos evitarla, ¿qué será de nosotros – me diréis- los preparados para la paz? Os contesto: si la guerra viene vosotros tomaréis partido sin vacilar por los mejores, que nunca serán los que la hayan provocado, y al lado de ellos sabréis morir con una elegancia de que nunca serán capaces los hombres de vocación batallona."
                                                A.M, Algunas ideas de Juan de Mairena sobre la guerra y la paz, Hora de España, 10, octubre de 1937
 


La guerra

"¡Si la guerra nos dejara pensar! ¡Si la guerra nos dejara sentir! ¡Bah! Lamentaciones son estas de pobre diablo. Porque la guerra es un tema de meditación como otro cualquiera, y tema cordial esencialísimo. Y hay cosas que sólo la guerra nos hace ver claras."

                                                                                                             Desde el mirador de la guerra, La Vanguardia, 6 octubre de 1938
 

"Ya es voz unánime de la conciencia universal que el pacto de no intervención en España constituye una de la iniquidades más grandes que registra la historia.
Desde el mirador de la guerra se ven otras muchas iniquidades de la paz."

                                                                              Mairena póstumo. Desde el mirador de la guerra, La Vanguardia, 3 de maig de 1938


La guerra, el sentit, l'estética

"Lo más terrible de la guerra que se avecina – habla Mairena un año antes de morir, hacia 1909- ha de ser la gran vacuidad de su retórica, y, sobre todo, las consecuencias literarias y artísticas que ella ha de tener una vez terminada. Los hombres saldrán algo idiotizados de las trincheras, preguntándose por qué han guerreado y para qué se guerrea. De un modo más o menos consciente, la hará el arte, el arte literario antes que ninguno – (¿para qué se escribe?, ¿para qué se pinta? Y usted ¿para qué esculpe?) – y como no ha de saber responderse, el hombre de posguerra será un hombre estéticamente desorientado, y dará en el culto del infantilismo, del non sens, del primitivismo rezagado (...). Lo más característico de ese arte, será una total recusación de toda labor de continuidad."Quien no sea capaz de poner una primera piedra, nada tiene que hacer en el arte". Y como las primeras piedras han sido puestas ya, se hará de las piedras un uso homicida, para tirárselas a la cabeza al primero que pase. Coincidirá todo ello con el auge del cinematógrafo, que es, estéticamente, la inanidad misma, el cual, combinado con el fonógrafo, dará un producto estéticamente abominable. No basta moverse; hay que meter ruido.

Yo os aconsejo, amigos míos- sigue hablando Mairena a sus alumnos- que no perdáis la cabeza en esa barahúnda. Porque todo ello será el resultado de una guerra vacía de sentido, o cuyo sentido no habrán alcanzado a comprender la inmensa mayoría de los combatientes, de una guerra preludio de otra mucho más honda, complicada y significativa que vendrá más tarde (...).

(...) El "¿para qué engendra usted, señor mío?" y el "usted señora, ¿para qué da a luz?", serán preguntas posbélicas mucho menos carentes de sentido que las supradichas ("¿para qué escribe?, etc.) y aunque no se formulen de modo explícito, determinarán la conducta de los hombres y las mujeres, que en las grandes ciudades se entreguen al abuso de la voluptuosidades infecundas y a la exaltación del dandismo prebélico, agravado por la desconcertada noñez de la posguerra.

Yo os aconsejo que os dediquéis a meditar sobre las múltiples manifestaciones de ese arte como fenómenos posbélicos. Ello no es más que un punto de vista para atisbar un aspecto del problema estético. Enfundad vuestras liras y consagraos a la filosofía, quiero decir a la reflexión, porque la tradición filosófica, menos de superficie que la literaria, no se habrá interrumpido. La continuidad histórica, en el fondo, tampoco."

                                                       Desde el mirador de la guerra. Viejas profecías de Juan de Mairena, La Vanguardia, 24 agost 1938


" Sé muy bien lo que digo, aunque acaso no acierte a expresarlo con entera justeza. Una enorme oleada de cinismo, o si os place mejor, de
realismo, nos arrastra a todos. La labor dominante de la cultura occidental – sin excluir ni a su ciencia ni a su arte ni a su metafísica –tiende a despojar al hombre de todos sus atributos divinos. ¡Perdón! Cuando digo divinos quiero decir humanos, aquellos por los cuales el hombre excede o se diferencia de otros grupos zoológicos enteramente sometidos a sus fatalidades orgánicas. Y en esta corriente tan esencialmente batallona, que es la guerra misma, ¿cómo pensar que la guerra, ni aún la totalitaria, puede ser enfrentada? Sin la tendencia de sentido contrario, a saber: la amorosa, las ascética, la contemplativa, la espiritual, de la cual sacamos toda nuestra retórica y muy poco nuestras realidades efectivas, es muy difícil que lleguemos a intentarlo siquiera.
Perdonad que me haya apartado tanto del tema concreto que me propuse tratar: las bombas criminales sobre las ciudades abiertas. Porque escribo a la luz de una vela, en plena alarma, y son estas mismas aborrecibles bombas, que están cayendo sobre nuestros techos, las que me inspiran estas reflexiones."

                                                                        Desde el mirador de la guerra. Para el congreso de la paz
, La Vanguardia, 23 juliol 1938


El poble i la poesia

"Palabras paternales son las de Machado, en que se vierte el sabor amargo y a la vez consolador de los padres, y que con ser a veces de honda melancolía, nos dan seguridad al darnos certidumbre. Poeta, poeta antiguo y de hoy; poeta de un pueblo entero al que enteramente acompaña (...) lo recibimos y llevamos en la sangre, en lo que es sangre en el espíritu, en aquello vivo, íntimo y que, siendo lo más inmanente, es lo que nos une: la sangre de una cultura que late en su pueblo, en el verdadero pueblo, aunque sea analfabeto. Y por esto también su viva historia lo que pasa y lo que queda (...) Para Machado la poesía es cosa de conciencia. Cosa de conciencia, esto es, de razón, de moral, de ley (...) El poeta, dentro de la noble unidad del pueblo, no es uno más, es, como decíamos al principio, el que consuela con la verdad dura, es la voz paternal que vierte la amarga verdad que nos hace hombres".
                                              María Zambrano, sobre el llibre "La guerra", de Antonio Machado, Hora de España, 12, 1937, pp. 68-74

(Sessió 18/12/08)

 

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